Igualmente, este post no será utilizado más que para dar muestras de vida. Sé que tengo un par de cosas que subir, como el premio de Jaz y dar las novedades =): el 19 de diciembre, yo, junto el conjunto del taller literario al que concurro, presentamos nuestra primera antología de cuentos y poesía. Trataré de conseguir una buena cámara para sacarle fotos al libro y mostrarlo. Estoy muy contenta por eso.
Ahora, a lo que nos compete: "Merry Queerman!", el relato paródico que escribí para Navidad, como regalo atrasado para los que pasen por aquí (Jaz, no leas, creeeeo que no es tan malo, pero no sé XD).
Título: "Merry Queerman!"
Autor: lonely soul
Género: Parodia
Parejas: --
Advertencias: Mucha locura XD, abuso de personajes públicos (?) y chistes baratos
Fecha: Diciembre 10'
Si creen que lo más duro que enfrenta Santa Claus, a fin de año, es la carrera contra el tiempo, es que no conocen las verdaderas vicisitudes del osito más famoso en todo el mundo.
Ningún animal y/o persona ha sido dañado durante la creación de esta historia.

Un pequeño glosario antes de empezar:
Chaser: También conocidos en castellano como cazador. Son aquellas personas, que no necesariamente comparten las características de un oso, que son atraídas por estos últimos.
Oso: Personas con mucho vello, generalmente gorditas, conocidas así, dentro del ambiente gay. Dentro de esta categoría existen muchíííísimas subcategorías. Si les interesa el tema, investiguen ;).
Leader: No necesita mucha explicación. Acá todo gira alrededor del cuero XD.
Ahora sí:
La gente siempre habla de lo difícil que debe ser para Santa Claus el entregar todos los regalos, de todas las personas, en todas las partes del mundo, al mismo tiempo —que tampoco es al mismo tiempo, porque puede agradecer a la existencia de diferentes husos horarios—. Pero a nadie se le ocurre pensar, que hay cosas peores y que realmente le dan más miedo que retrasarse en el envío de un presente. Y eso, señoras y señores, son los chasers o como se los conoce en castellano: cazadores.
No es que Santa Claus fuera una persona prejuiciosa. Con el paso de los años, se ocupó siempre de mantenerse actualizado de las cosas que ocurrían fuera del Polo Norte, sin importar la cantidad de trabajo que tuviera. Es por eso que sabía que existían todo tipo de relaciones y que en el ambiente gay había algo que se llamaba chaser y que andaba detrás de gente gordita, barbuda, con bastante vello y que éste podía ser más o menos blanco, más o menos abundante y que también la contextura de la persona podía variar. Lo grave del asunto es que él era gordito, barbudo, de pelo canoso y —había que decirlo— con bastante pelo en pecho. La víctima perfecta. Tampoco es que se considerada alguien perseguido, o demasiado exagerado en su preocupación. Sino que todas sus precauciones tenían origen en sus propias vivencias. En sus propias, surtidas y aterradoras vivencias.
Todavía el señor Santa, no sabía cómo había logrado escapar de todas sus desventuras sin terminar con el orgullo —por no decir otra cosa— roto. Estaba aquella vez en la que había entrado en la casa de un alemán que casi logra que se muera allí del susto cuando prendió las luces mientras él colocaba los regalos bajo el árbol. Si estaba vivo, era tal vez por la sorpresa que se había llevado al ver al hombre ataviado en cuero y látex que se le pegaba al cuerpo, y el miembro enhiesto saludándolo fuera de la prisión de sus pantalones. Luego descubriría que ese ser, enfundado en cuero y con el látigo en mano, pertenecía al grupo de los leaders. Otra vuelta, fue un chico el que se había abalanzado sobre él mientras se agachaba a dejar los regalos. El susto no fue menor que la decepción al ver qué clase de sentimientos generaba su afable figura en el pequeño… de diecisiete años. Cuando lo recordaba, Santa zarandeaba la cabeza. Recordaba cuando era un mocoso de seis años babeando por sus coches nuevos. Ahora, de la entrega en esa casa se encargaba otra persona.
Puede que la vez que más le sorprendió fue cuando la que lo atacó fue una chica, de anteojos, petiza y con cara de buena persona, inofensiva se podría decir. Ella y una amiga estaban durmiendo cerca del árbol, seguramente esperándolo. La sorpresa se la llevó cuando ambas se levantaron de donde estaban y lo corrieron con sogas en sus manos al grito de «¡Big Daddy, Big Daddy!». La juventud estaba echada a perder.
De todas había escapado. ¿Por qué no podía ser igual esta vez?
A partir de ese momento, además de mantenerse al corriente de todo lo que pasaba en el mundo, había organizado otra investigación, para separar a todos los chasers y personas sospechosas que quisieran hacerle algo. Entonces, cuando los encontraba, los marcaba, y de esos se encargaba su secretaria, Mery Christmas, que podía ser mujer, pero Santa estaba seguro de que las personas a las que visitaba lo pensarían dos veces antes de hacer algo malo de nuevo. A veces, la mirada de Mery le hacía recordar a la de las dos chicas que habían intentado maniatarlo, y hasta llegó a pensar que podrían ser buenas ayudantes, sino quisieran practicar el bondage con él. Era por eso que también tenía cuidado con Mery sin importar lo mucho que le había dicho que a ella sólo le iban las mujeres —y no, no le iba tampoco atacarlas mientras estaba durmiendo, cosa que el señor Claus sólo creyó a regañadientes—.
Y ahora, la situación por la que estaba pasando en ese momento. Atado en la cama, solo con sus calzoncillos —con un hermoso diseño navideño de dulces y arbolitos que brillaban en la oscuridad—, sus muñecas envueltas en esposas de peluche rojas, verdes y blancas. Bien de espíritu navideño, tuvo que pensar con cierto orgullo. Lo que no entendía es cuándo es que las había comprado, si lo había vigilado tan bien durante todo el año.
El señor Santa se encontraba en la casa de uno de los supuestos chasers a los que tanto le temía. Si estaba allí, no era porque de pronto se le hubiera ocurrido sentir el placer del cuero y el látigo; no es como si sus gustos se hubieran invertido de pronto. A ese muchacho lo había tenido en la lista de los vigilados durante los doce meses del año, esperando cazarlo haciendo algo que no debía, y que fuera Mery la que lo visitara a la noche. Pero había mostrado una conducta intachable. Casi perfecta, hasta rayar lo sospechoso. Pero como las reglas eran las reglas —muy a pesar de que él hubiera sido el que las creó—, tuvo que cumplir con lo pactado. Y así le había ido.
—Sabía que vendrías —le dijo el muchacho. La barba rala parecía tintinear sobre la piel de su estómago, cuando comenzó a besarlo en esa zona—, valió la pena toda la espera.
La sensación, rasposa sobre su piel, le dio un escalofrío, que por alguna razón no le disgustó del todo. El muchacho tampoco era de mal ver… «¡Deja de disculparlo!» se dijo preocupado.
—¡Detente! No puedes hacer esto, tengo muchos regalos más por entregar y no creo que seas capaz de decepcionar a ningún niño, ¿verdad? —trató de razonar con él. Sabía que le gustaban los niños por la manera en que cuidaba a sus sobrinos cuando su hermana no estaba.
—No intentes escaparte —le respondió el otro, mientras comenzaba a bajarle los pantalones— le mandé un mensaje a tu secretaria, ¿quieres ver lo que respondió? —Le puso el teléfono celular bien cerca de sus ojos y lo que leyó lo hizo maldecir por lo bajo.
Querido Santa, estás muy tenso últimamente, creo que esto te vendrá bien, ya es hora de que aceptes tu verdadera sexualidad ¿Qué otro que un osito andaría usando tirantes en estos tiempos? Disfruta que yo me encargo de los demás regalos. Cariños, Mery Christmas.
¡Lo había mandado a la boca del lobo!
—Vamos, relájate, bebé, verás como lo disfrutas.
Santa frunció el ceño, esa voz debía tener algún problema porque no podía negarse a él. ¡Qué demonios! Tal vez este año le tocaba ser el agasajado.
—x—x—
—¡…wow!
Las esposas habían volado hacia algún lado y las sábanas se enredaban en sus cinturas. Ambos respiraban como si la vida se les fuera en ello, demasiado cansados por el ejercicio, pero si le preguntaban a Santa hacía mucho algo no le parecía tan… ¿estimulante? Ni siquiera podía creer las cosas que su cuerpo podía hacer sin que él lo supiera.
—¿Y? ¿Pasé la prueba? —le preguntó Rudolph (sí, chistes de la vida). La voz le había temblado imperceptiblemente.
Santa sonrío.
—Ojalá pudiera llevarte conmigo al Polo Norte —le respondió y antes de que pudiera protestar continuó:— Tienes tu familia, y adoras a tus sobrinos —terminó, casi en un susurro, sus cachetes compitiendo con las bolas del árbol de navidad.
—Bueno… —trató de arreglarlo Rudolph— siempre puedes darte una vuelta para hacer ejercicios por aquí.
Esa le pareció una muy buena idea. ¿Por qué esperar 365 días para verlo de nuevo?
Y fue así que Santa Claus le perdió miedo a los chasers, aunque Rudolph —el humano— le prohibió siquiera ponerlos en tela de juicio. Para cazar santas, ya estaba él.
¡Que hayan pasado unas hermosas fiestas!

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1 lunáticos:
Hola Kitty-san <3! Tanto tiempo :3. Es bueno saber que sigue viva xD. ¡Felicitaciones por el libro! Suena genial, me encantaría leerlo y ver las fotos <3!
En cuanto al relato/parodia xDDD. Dios que loleada. Me encantaron las conclusiones de Santa; su paranoia al principio con respecto a sus cazadores y como al final terminó aceptandolo -y gustandole xD. Rudolph es un amor ♥ Por lo general el bara no me gusta demasiado, pero este one-shot me encantó. Also, la imagen es divina y pega completamente con la historia hahha.
No sé que más decir. ¡Muy buen trabajo! Me reí bastante xD.
Irás de vacaciones, que lindo ;; Yo la pasaré encerrada en mi casa como el ogro que soy, todo el verano. ¡Está haciendo demasiado calor! ;_;
Y bueno, ya que estoy hago propaganda xD. Cree un foro en fanfiction.net, KakaIru (¿los recuerdas? haha xD). Esta es la dirección: http://forum.fanfiction.net/forum/Scarecrow_Dolphin_Crew/85621/ Se que dijiste que no tenías mucho tiempo, pero bueno; cuando tengas un ratito pasa, que está bastante solitario xDDD.
Espero leerte más seguido y que la pases genial en las vacas :3. Nos vemos pronto, ¡besos!
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