19.11.10

God is a DJ - Relato [One-shot]

19.11.10

 
A pedido de mi fiancée ;) 'God is a Dj' hace entrada al blog. Es una especie de Songfic, por lo que les recomiendo si quieren, escuchar las canciones con las que está compuesto y escribí la historia.

Enjoy it~

Título: "God is a DJ"
Autor:
lonely soul
Género: General - ¿Romance?/¿Songfic?
Parejas: --
Advertencias: Ninguna
Fecha: Noviembre 10'

http://img293.imageshack.us/img293/609/godisadjcopia.jpg

Al Petit Prince le gusta perderse en los sonidos de la música para olvidar; olvidar a todos esos hombres que prometen regalarle las estrellas y que desaparecen a la otra mañana. Y el DJ, como dios omnipotente en ese lugar, sabe qué darle, más de lo que Luc sospecha.

For tonight, God is a Dj.

Las canciones para descargar:

God is a DJ - Faithless
Martyr - Depeche Mode
Freelove - Depeche Mode

God is a DJ

“The poetic justice of cause and effect
Respect, love, compassion.
This is my church
This is where I heal my hurts.


For tonight
God is a DJ.”

Faithless.

Humo, oscuridad, luces de colores y una fragancia en el aire que invita al pecado. Y también calor, mucho calor que pronto se trasluce en una humedad que pega la ropa a la piel y despide brillos bajo la incandescencias del local. Eso es lo primero que piensa Luc cada vez que entra a su disco favorita en búsqueda no de un compañero, sino de la música.

Es verdad que no es difícil perderse al entrar a ese pequeño mundo de banalidades y música que explota en los oídos hasta dejarte sordo, y sin embargo su cuerpo siempre sabe adónde ir y los demás también parecen saber dónde encontrarlo. Y a él le fascina, porque de puertas para afuera puede ser un don nadie, pero cuando está ahí es el príncipe de ese reino. Así lo demuestran las miradas que se adhieren a él y recorren cada curva de su esbelto cuerpo. Su cabello rubio teñido casi hasta la palidez desprende pequeñas perlas de sudor cada vez que salta girando su rostro de un lado al otro al compás de la música; sus ojos tras el resguardo de sus párpados, son de un chocolate que sólo acrecienta la dulzura de un rostro que a pesar de su edad no pierde la redondez propia de la niñez. Le petit prince le han apodado y el nombre le quedaba como anillo al dedo. Y a él le encanta.

Moviéndose como pez en el agua se sitúa en el medio de la pista de baile sin dejar de contonear sus caderas al ritmo punch. Luc ama la música tanto como ama bailar y dejarse llevar por el calor de todos esos cuerpos apretujados que en noches como esa dejan de ser entes individuales para convertirse en uno solo. Una masa uniforme que no necesita pensar en nada ni en nadie. Y eso por sobre todas las cosas. Luc frunce el ceño pero no deja de bailar. Acaba de recordar justo lo que hoy venía a olvidar. Otra pareja más perdida luego de una noche de buen sexo. Tan bueno como la música que retumba en todo su cuerpo y hace que su corazón vibre, tal vez lo suficientemente fuerte como para que la tristeza se desprendiera de él. Sí... lo podía sentir subiendo por sus piernas enfundadas en jeans, abrazando su vientre y muriendo en su garganta con cada sílaba de la canción. No había mejor droga que aquella, no señor. Levantaba los brazos sin dejar de contonear las caderas y vibraba como una cuerda de violín bien tensada en un maravilloso vibrato. Ah, sí…

Y lo siente. Sobre su nuca desnuda brillante en sudor, la calidez de una lengua invisible que recorre su piel con un hálito cálido. Luc mantiene los ojos cerrados pero sabe a dónde debe mirar para encontrarse con esas pupilas que violan su cuerpo desde la distancia. Más allá del humo y las manos alzadas, aún por encima de las luces que actúan como ángeles para los cuerpos que se contonean bajo el ritmo de la canción y la vibración que abrasa sus pies, los ojos que encandecen su piel son los del ser omnipotente que como titiritero, es culpable de lo que sobre esa pista se sucede. Luc se da vuelta y su mirada se encuentra con la del DJ una milésima de segundo antes de volver a cerrar los ojos y saltar, con todas las fuerzas que tiene, despegándose del resto amorfo de las personas que bailan junto a él y la canción que esperaba desde que llegó empieza a sonar. Y todo a su alrededor desaparece, menos esa mano invisible que ahoga los gemidos que su garganta contiene, enviándolas a su pecho, como brazas ardientes que lo mantienen de pie, a pesar del cansancio, a pesar del dolor, a pesar de la monotonía gris de su vida que se junta sobre sus hombros como una imposible roca. Allí, el DJ es Dios.

Y el DJ quiere que baile, que reviva, que se suelte de sus cargas. Que olvide. O puede que no, que todo aquello sea una ilusión ideada en la cabeza desteñida del muchacho. Era algo que solía preguntarse, y aquello que le impedía acercarse al hacedor de todo aquello, de ese paraíso sonoro que lograba liberar la catarsis de Luc. ¿Ilusiones o verdades?, ¿hasta qué punto la mirada sobre su cuerpo era producto de su imaginación?

Pero Luc olvidaba. Y con el olvido, las miradas desaparecían y solo quedaba en él esa sensación de éxtasis que lo recorría y lo liberaba como un fiel que concurre a la iglesia para absolverse de sus pecados. Esa pequeña discoteca, era su iglesia y el DJ, con su música y sus luces, oficiaba de cura, de la figura redentora capaz de hacerlo olvidarse de todo, de perdonarse por los errores que semana a semana cometía eligiendo parejas que sabía que lo iban a lastimar. ¿A qué estaba esperando? Si él ya era el Petit Prince ¿significaba que en su cuento ya no había espacio para otro príncipe?

La canción había cambiado más pronto de lo que debía, lo que lo despertó de su trance. O puede que fuera su cabeza la que le estaba jugando una broma, puesto que ni siquiera había notado cuando había dejado de bailar pero lo había hecho. Era extraño, pero ese día estaba más inquieto de lo acostumbrado, y aunque se había propuesto no pensar mucho, era lo único que hacía. La música volvió a recuperar su volumen y reconoció al instante la letra pues no fueron pocas las veces que se sintió identificado con cada silaba y con cada acorde de esa canción. Luc no había vuelto a bailar pero podía sentir la melodía apoderarse de cada parte de su cuerpo inmóvil entre tantos cuerpos que giraban y saltaban a sus costados. Sus piernas temblaban bajo la vibración de los parlantes y el sudor parecía capaz de saltar sobre su piel al ritmo del eco que hacía su corazón en su pecho. Cerró los ojos un momento, un instante mínimo, temeroso de que la canción se acabara antes de que volviera a abrirlos. Necesitaba del coraje que la melodía le producía para alzar la cabeza directo hacia la única dirección a la que nunca se atrevió a mirar más de una milésima de segundo, como si fuera el mismísimo sol y el verlo pudiera cegarlo como lo cegaba la música cada vez que entraba allí.

“...I need to be by your side

I have knelt at your feet

I have felt you deceit

Couldn’t leave if I tried

I've been a martyr for love...”[1]

Su mirada y la del DJ se fusionaron al derretirse el chocolate de sus ojos mientras cada estrofa de la canción abandonaba sus labios, cayendo incongruentes en el suelo, entre sus pasos torpes entre toda esa gente que le impedía el paso, ahora, que intentaban detenerlo y alejarlo del dios que lo llamaba y que siempre lo había llamado de la única manera que sabía hacerlo. Su cuerpo eternamente grácil luchaba contra la corriente que quería mantenerlo lejos de esa otra deidad, en el pequeño club donde otros cientos de almas trataban de dar paz a sus corazones. Pero Luc estaba cansado de ser un mártir, de entregar su corazón enamoradizo y que se lo devolvieran hecho un rejunte de papel arrugado luego de que se hubieran limpiado los pies con él. Él era el Petit Prince, el capaz de regalarte una buena noche si te portabas bien. Pero nadie se preocupaba por saber que pasaría si despertaras con él un día. Sin embargo, parecía que había alguien dispuesto a probar. Y él iba a encargarse de que fuera así.

El DJ debió de pensar lo mismo, pues la música volvió a cambiar, y como buen titiritero que era, la canción bajó su cadencia, acallando a las almas de todos los hombres y mujeres que estaban allí, quienes más calmados, se abrieron como las aguas del Nilo a Moisés. Ni aún en ese momento, las letras que se juntaban en la boca del cantante dejaron de hablarle. Luc movía sus labios pero sin emitir sonido alguno, como si la más mínima variación en la melodía pudiera afectar el extraño entorno que se había producido allí. If you've suffered enough… y un paso. I can understand what you're thinking of... y otro. I can see the pain that you're frightened of... [2] y cada vez estaba más cerca. La voz gruesa y dulce del cantante se embadurnaba sobre su piel secando las gotas de sudor que como lágrimas, se desperdigaban por su cuerpo. La escalera se le presentó como un gigante de brazos abiertos a los que se encaramó uno a uno mientras susurraba —ahora sí— la canción, como un mantra que lo mantenía fuerte, paso a paso. We've been running from love... y el hombre que custodiaba la puerta que llevaba a la sala del DJ lo dejó pasar, como si lo conociera, como si supiera que un día iba a estar allí y tendría que hacerlo, como una regla implícita, en el aire, en la canción que los rodeaba y las luces que jugaban sobre su pelo volviéndolo fluorescente. Por lo menos, pensó, eso significaría que no era una paranoia suya, el haber sentido durante tanto tiempo la mirada del DJ sobre su persona. La música y el resto del mundo, se quedaron del otro lado, donde la vida todavía continuaba su curso, donde el dolor era calmado bajo los acordes mágicos de una canción que hablaba muy bien de la manera en la que se sentían. Y frente a él, el único culpable de tocar las fibras más sensibles de sus fieles, quien todavía no se había volteado a verlo.

Luc lo agradeció, mientras aprovechaba el tiempo ganado para memorizar los rasgos que siempre había tratado de dilucidar entre humo y luces demasiado brillantes, sin contar con que nunca se había animado a más que espiarlo. Al contrario de lo esperado, el hombre que se encontró allí era bastante más normal de lo que se imaginaba y muy diferente a los hombres que solían pretenderlo. Vestido con ropa holgada y de colores oscuros, se encargaba de controlar el volumen de la canción que seguía sonando tras el cristal de la cabina insonorizada. Su rostro se llenaba de sombras un poco por culpa del ambiente de la discoteca, otro poco por los auriculares enormes que llevaba puestos para escuchar mejor la música que pasaba para sus fieles. Nada en su forma de actuar denotaba que lo estuviera esperando y sin embargo todo lo llevaba ahí, al único lugar al que nunca se atrevió a ir, al único lugar demasiado prohibido para él, quien no se creía capaz de violar lo sagrado de ese santuario que era capaz de brindarle paz, semana a semana, día a día. El DJ nunca había significado nada para él, no como una persona al menos, pero como si fuera una máquina y su cerebro hubiera hecho un clic esa noche, reconoció en las letras de las canciones un camino de guijarros que esta vez no fue comido por nadie más que él, llevándolo a los pies de ese hombre que era tan real como todos los otros hombres con los que se había acostado.

Seguía sin poder verle el rostro que se escondía tras las luces y las sombras que hacían de su perfil una mancha que se confundía con la oscuridad pintada en la pared del fondo. Los nervios afloraron de golpe en él, como una flor que se deshojó en su interior con inusitada rapidez plantando semillas de curiosidad y de temor. Quería verlo, ver ese rostro de ojos tan fuertes que eran capaces de penetrar en su alma desde la distancia, de acariciarlo como una mano hecha de plumas de fuego que lo hacían temblar como un gorrión al que canto le hace vibrar hasta la pelusa que se esconde junto a su pecho. Quería verlo y que al verlo todo tuviera sentido: su entrega a todos esos cuerpos que dijeron que lo amaban por una noche, el dolor y la caída nuevamente en ese círculo vicioso de nunca acabar; que todo hubiera sido una simple excusa para que descubriera la verdad tras la música, esa verdad escondida que era más dolorosa y dulce que todas las veces que bailó hasta casi la inconciencia en la pista de esa discoteca.

La música volvió hacia atrás, retrocediendo estrofa por estrofa, a esa canción que tantas veces había escuchado y que una vez más chocaba contra sus oídos. Contra todo él.

“…From the day I was born

I've been moved like a pawn

By the greatest of powers.”[3]

Todo se volvió oscuro tras la enorme realización. Sus pies chocaron con aplomo contra el suelo y el ruido insoportable invadió sus oídos después de la calma en la que se había sumergido en su trance. Para cuando abrió los ojos aún estaba en el medio de la multitud y su canción favorita seguía sonando en el aire fuerte y claro, directo a las terminales nerviosas de su cuerpo que comenzaron a vibrar, como pequeños parlantes a la espera del estribillo que le permitiera ponerse en marcha. Una vez más, como un Moisés al que Dios había dotado de agallas, como el pez en el agua que era, esquivó cada cuerpo que se sacudía con la pegadiza melodía y sin pensárselo mucho, brincó cada uno de los escalones de esa escalera, hasta ese guardia que se parecía mucho al que había visto en su imaginación. Todos los guardias eran muy parecidos, supuso. Lo que lo sorprendió, muy gratamente, es que lo dejara pasar sin preguntar nada mientras en el aire una canción se escuchaba con fuerza, una vez más:

“For tonight

God is a DJ.”

No necesitó de nada más. La lengua de fuego se cernió contra su cuello y Luc sonrió antes de entrar, al santuario, en donde el más grandioso de los poderes podía ser de él también.



[1] Extracto de la canción Martyr por Depeche Mode: “…Necesito estar a tu lado; me he arrodillado a tus pies; sentí tu engaño; no podría haberme ido aunque lo intentara…”

[2] Extracto de la canción Freelove por Depeche Mode: “…si has sufrido suficiente; puede entender en lo que piensas; puedo ver el dolor al que temes.”

[3] Martyr - Ídem: “… desde el día que nací; he sido movido como un peón; por el más grandioso de los poderes.”

3 lunáticos:

Noni dijo...

No me gustan las entradas sin comentarios ¬¬. Además estoy tan aburrida/distraída/desganada que vuelvo a mi trabajo de stalker >=D.

¡Cómo se hizo desear el DJ! Yo ya había perdido las esperanzas en que lo terminaras xD. No sé por qué, pero me imagina (al DJ) negro =3~(L)

DoppelUmbra dijo...

Probando cuenta de Blogger, 1, 2, 3... xD

Helen dijo...

pasaros por mi blog!!!
agregame!!
actualizare varias veces a la semana!

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